¿Sabias que al “pero” se le conoce como el borrador universal? Decimos que es un borrador universal, porque todo lo que va antes del “pero” suele quedar anulado al ponerlo.

La palabra “pero” tiene el poder de dar más relevancia a lo que la precede, quedando lo anterior sin fuerza.

Si mi jefe me dice: – Lo has hecho bien, pero te faltó creatividad-, en mi cabeza resonará la falta de creatividad.

En cambio si me dice – Al trabajo le faltó creatividad, pero está muy bien hecho. Mi sensación es distinta.

Desde este cambio, el “pero” nos da la oportunidad para dar intensidad a lo que de verdad quieres transmitir.

Cambiando el “pero” por el “y”

Si yo me digo: Quiero ir al gimnasio pero tengo que trabajar.

Al hablarme así, estoy creando un conflicto en mi cabeza, que no es real, pensando en que tengo que escoger.

Ahora, si yo digo: Quiero ir al gimnasio y trabajar, en esta ocasión estoy abriendo la posibilidad a organizarme, quizás ir al gimnasio un rato más corto o quizás trabajar una hora menos para ir al gimnasio, con el “y” estoy creando una realidad distinta con mi lenguaje.

Cuando damos a nuestro cerebro la posibilidad de unir, dos cosas con el “y” estamos cambiando el problema por una solución.

¿Te habías parado a pensarlo?

Además, cuando contestamos a alguien o continuamos una conversación con un “pero” cerramos la posibilidad de construir sobre lo que acaba de decir.

Si por el contrario, iniciamos la conversación con un “y”, lo que decimos, será un punto de partida de algo nuevo.

El “pero” sitúa al cerebro en un estado de protección, en una condición llamada, inhibición latente, para evitar saturarse, nuestro cerebro filtra y elimina toda información que considera inútil o innecesaria.

Los “peros” de mi vida

El otro día me puse a pensar en esto, primero porque lo hemos visto en la formación en coaching y después, porque me di cuenta, del montón de “peros” que había en mi vida.

Sin ir más lejos el “pero”, está muy presente en la relación con mi hija.

Ella a veces, elige, ser una niña muy efusiva, su alegría es desbordante, y lo expresa, con una euforia, que a mi a veces me hace sentir incómoda y yo siempre le digo:

-Cariño, me encanta verte tan feliz, pero no hables tan alto-

Antes no era consciente que en mi día a día con ella, utilizaba muchos “peros”, el borrador universal, conmigo tenía trabajo asegurado 😉

No me paraba a pensar cuál era el mensaje que le transmitía a mi hija. Y un día escuché de su boca;

-Es que yo soy escandalosa -, y rápidamente le dije, -Cariño tú no eres una niña escandalosa, tú eres una niña tranquila, si alguna vez has hablado más alto, no quiere decir que tú seas escandalosa.

Y como esas muchas más frases. De aquí saqué grandes tomas de consciencia:

  1. Utilizo en muchas ocasiones el borrador universal.
  2. A veces etiqueto a mi hija, en este caso escandalosa. De esto hablaré en otra ocasión, pues siempre tenemos la opción de referirnos a ellos, mencionando un comportamiento concreto, no identificando el comportamiento con quien ellos son. (Ella no es una niña escandalosa, aquél día se comportó así, sólo eso)
  3. Lo más apropiado hubiese sido, que yo le hubiese dicho: – Cariño me encanta verte feliz y hablar bajito-
  4. La mayoría de las veces con nuestro lenguaje ponemos el foco en lo que no queremos que pase, y olvidamos, como en este ejemplo de mi hija, decirles lo que queremos que hagan.

-Cariño, me encanta verte tan feliz, pero no hables tan alto-

-Cariño me encanta verte feliz y hablar bajito-

Para ellos será más sencillo si les indicamos qué les pedimos. Si sólo les decimos lo que no queremos que hagan, ellos no sabrán que es lo que queremos que hagan, y en mi caso, en ocasiones me encontraba volviendo a decir -No, eso no era-, si desde el principio somos claros en nuestro lenguaje y con nuestras peticiones, ellos tendrán más posibilidades de entender lo que les pedimos.

En este caso, quizás mi hija entienda que lo contrario de hablar alto, es hablar bajito, aunque puede pasar, que decida no hablar… alguna vez también me paso ;).

Y tuve que pedir a mi hija, que siguiese hablando bajito y expresando su alegría, que no era necesario que se callara, (los padres solemos dar por sentado cosas, que para nosotros son muy evidentes, pero puede que para ellos no lo sean tanto), como conté en otro post, la educación de nuestros hijos tiene que ver más con nosotros que con ellos.

No siempre estarán receptivos, no siempre entenderán lo que les pedimos y quizás en muchas ocasiones no nos harán ningún caso, pero valdrá la pena hacerlo, porque con esta reformulación del lenguaje, conseguiremos transmitir cosas muy distintas a nuestros hijos, y me aseguro, al menos, que no relacionen lo que les digo con comportamientos negativos, puede que lo acepten, lo cumplan o no, ese ya será otro reto…

Ahora cuéntame, ¿cuántos “peros” hay en tu vida? ¿Cómo es tu lenguaje? ¿Te has parado a pensar en si el borrador universal tiene mucho trabajo contigo? 😉

Gracias por conectar con lo que te cuento, gracias por leerme, estaré encantada de conocer tu opinión. ¡Te espero en comentarios!

3 comentarios en “Nuevo lenguaje, nueva mentalidad. Te cambio un “pero” por un “y””

  1. Otra gran revelación para mi! El PERO y el Y.
    Gracias a ti prestaré atención a algo que antes ni sabía que existía. Gracias por compartir tus conocimientos y experiencias!
    Bienvenida Y!!

  2. Me ha encantado leerte!! Me he dado cuenta que había muchos peros en mi vida pero aprendiendo el lenguaje de los “y” voy borrando los pero !!! Muchas gracias

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